La psicologia del niño en la primera infancia ( 1 – 7 años )

La primera infancia del niño

Organización psicomotora del niño

Caracterización de la etapa

Iniciamos este periodo de la primera infancia al final del primer año y lo concluimos hacia los siete años con el acceso al pensamiento operacional. La primera infancia va acompañada de grandes progresos psicomotores. El niño va perfeccionando progresivamente su capacidad perceptiva y su coordinación motriz, de forma que al final de este periodo está preparado para iniciar los aprendizajes escolares. En la segunda mitad del segundo año las adaptaciones intelectuales sensomotrices sufren un proceso de interiorización que dan paso a la inteligencia representativa. El niño recurre a sus representaciones subjetivas y egocéntricas para adaptarse al mundo exterior. Al final de este período hacen su aparición las operaciones lógicas. El subjetivismo o egocentrismo de todo este periodo contrasta con los extraordinarios progresos que hace el niño en la adquisición del lenguaje. Al inicio sólo conocer algunas palabras aisladas , cuyo valor comunicativo resulta bastante confuso. Pronto empleará dos palabras y la frase gramatical, para concluir a los tres o cuatro años manejando la combinatoria propia de su lengua.

Al final de primer año el niño contaba ya con una rica afectividad, que se había fraguado fundamentalmente en relación a la madre o a la persona que le cuidaba. Ahora el niño debe extender sus relaciones afectivas a los demás miembros de la familia y adaptarse a sus normas de convivencia. Junto a las emociones aparecen ahora sentimientos y afectos más matizados, que son la expresión del grado  de complicación que va alcanzando su vida psíquica. La fase anal y la fase genital infantil se suceden en esta etapa, siendo en esta última en la que tienen lugar las problemáticas propias del llamando complejo de Edipo, el cual, al no encontrar forma alguna de solución, termina llevando al niño al periodo de latencia, en el que reprime todas sus pulsaciones genitales.

Maduración cerebral

Este proceso de maduración cerebral debe extenderse como un proceso de especialización y localización. Las diversas funciones neuro-psicológicas van perfeccionándose, al mismo tiempo que se ubican en un lado u otro del cerebro. Los centros del lenguaje tienden a ubicarse en el hemisferio izquierdo. Las funciones viso-espaciales tienen preferencia por el hemisferio derecho. En los niños se desarrollan mas estas funciones viso-espaciales, mientras que en las niñas parecen desarrollarse mas las verbales. Estas funciones cerebrales van evolucionando bajo el dictado de factores heredados e, inseparablemente de ellos, de influencias ambientales.

El lenguaje y lo viso-espacial son, junto con otras muchas: ritmo, lateralidad, agnosias, coordinación…, las funciones neuropsicológicas mas importantes en la realización de los aprendizajes escolares. Leer, escribir, y calcular requieren un correcto desarrollo del lenguaje y de lo viso-espacial, no en vano estos tres aprendizajes consisten en aplicar el lenguaje a los signos gráficos, a movimientos manuales y a cantidades, respectivamente. 

Desarrollo del lenguaje

Dejamos al niño, al final del periodo anterior, utilizando algunas pocas palabras aisladas, pero con una capacidad de comprensión verbal mucho más desarrollada, existen grandes progresos en el vocabulario. El aumento de vocabulario va paralelo a un aumento de la combinatoria de las palabras, que se traduce en frases cada vez más amplias y en estructuras sintácticas más complejas. Las primeras palabras que el niño aprende son de contenido semántico que hacen referencia a objetos, como sustantivos, verbos y adjetivos. Más tarde aparecen las palabras función como los artículos, pronombres, proposiciones, etc. El niño va haciendo progresos en la fonética. Su percepción de fonemas mejora durante el segundo y tercer año, pero sigue realizando con frecuencia percepciones fonéticas erróneas, sobre todo cuando se trata de sonidos similares o de palabras de significado desconocido. En su pronunciación se observa esa tendencia a la simplificación de los sonidos que es lo más llamativo del lenguaje infantil. Existe la tendencia a transformar en una o dos consonantes iníciales, a repetir las mismas articulaciones, y a preferir las consonantes iníciales acompañadas de vibraciones como p,t,k y d,b,g, y excluirlas de los finales.

Por lo que se refiere a la semántica, a lo largo de todo este periodo, en que aumenta el vocabulario y se perfecciona la sintaxis, se va perfilando cada vez más el significado de las palabras. Cuando el niño posee aun pocas palabras se encuentra obligado a distribuir toda la realidad perceptiva en ella. Todos los hechos vienen a concluir que existe verdaderamente una gramática infantil que cuenta con sus propias reglas.

Se distinguen una serie de etapas en el desarrollo del lenguaje infantil. Los 12 meses marcan el inicio de la palabra-frase y Holo-frase.  A los 18 meses comienza la etapa de la pre-frase uniendo dos palabras.  A los 20 meses aparece ya la frase gramatical en forma de juicio. Los psicólogos distinguían una primera edad preguntadora- la edad del qué- y una segunda edad preguntadora- la edad del porqué- a los 24 y 36 meses respectivamente. En la edad del qué el niño parece hacer descubierto que cada cosa tiene su nombre y cuestiona una y otra vez sobre él, en la del porqué cuestiona una y otra vez la causa de los acontecimientos.

Actividades representativas

Inteligencia representativa

En la segunda mitad del segundo año, situamos el nacimiento de la capacidad de representarse el mundo exterior. Esta representación es el resultado del proceso de interiorización de las adaptaciones sensomotrices. A partir de ahora el niño podrá realizar en el espacio interno aquellas adaptaciones sensomotrices que venía realizando en el espacio externo. Podemos calificar de imagen mental aquello que el niño conserva de las percepciones realizadas y que utiliza cuando quiere reactualizarlas. La reactualización no es otra cosa que una representación, que ha sido posible precisamente por la existencia de la llamada imagen mental. Representarse algo, es adoptar las actitudes corporales específicas que tienen lugar cuando estamos ente ese algo. La capacidad representativa es una prolongación de la percepción. Esta es la razón de que el niño durante todo este periodo cuente con una fórmula cognoscitiva que sigue dependiendo de la percepción sin que le sea posible la realización de operaciones lógicas.

Existen una serie de investigaciones piagetianas que ponen claramente de manifiesto, tanto la incapacidad que tiene el niño de realizar operaciones lógicas como su dependencia de los procesos perceptivos. Al comienzo de este periodo el niño tiene consciencia de la conservación o permanencia de un objeto, pero aun no ha alcanzado la noción de conservación del todo.

La memoria

En el periodo anterior el niño había mostrado un llamativo desarrollo de su capacidad de reconocimiento de personas y objetos de su ambiente familiar. Reconocer algo debe ser mucho más sencillo que rememorarlo, en este periodo el niño sigue reconociendo mucho mejor que rememorando.

Existen tres tipos de memoria que tiene fundamentos neuropsicológicos distintos.  Una memoria es la inmediata que cursa paralela a los procesos mismos sensoriales. Otra es la de “a corto plazo” o de minutos. La memoria a largo plazo es la consecuencia de modificaciones de tipo bioquímico que se relacionan con el ARN.

El dibujo infantil

El dibujo de los niños va transitando diferentes etapas que pueden, en alguna medida, relacionarse con la edad. Sí se puede decir que un niño de 7 años tiene que haber superado la etapa del garabato, pero no hay que pensar que al otro día de cumplidos los 4 va a dejar el garabato para elaborar un monigote, ya que se trata de una esquematización y la evolución de cada niño es diferente.

Aclarado esto, recorreremos las etapas del dibujo infantil:

1- La etapa del garabateo: Desde que agarran por primera vez un lápiz –alrededor de los 2 años- hasta los 4 años, aproximadamente, los niños atraviesan tres momentos diferentes. Primero dibujan garabatos desordenados, una especie de rayones en la hoja sobre el que no tienen más control que el que les permite empezar y terminar, y que por eso mismo muchas veces sigue en la mesa sobre la que está apoyado el papel. Más tarde logran controlar un poco más los movimientos y pueden detenerse para llevar el trazo hacia donde desean durante la realización de sus garabatos. Por último, el garabato con nombre aparece cuando el niño comienza a atribuirle un significado a  lo que dibujó y entonces dice que hizo “un perro”, “un auto” o “a mamá”, a pesar de que nada de esto sea reconocible en el dibujo.
2. La etapa pre-esquemática: Se da aproximadamente entre los 4 y los 7 años y se caracteriza por la búsqueda consciente de una forma en el momento de dibujar. Es durante esta etapa cuando se produce el momento mágico en el que mamá o papá van a reconocer en los trazos del niño el objeto que él dice haber representado. Lo más común es que este primer dibujo sea el de la figura humana, que inicialmente suele representarse con un círculo y dos líneas que salen verticalmente de él y que el niño nombra como “las piernas”, “los brazos” o “las manos”. Estos “cabeza-pies” o “renacuajos” aparecen entre los 4 y los 5 años y se van complejizando con el agregado de otras dos líneas a modo de brazos, con un redondel entre las piernas a modo de abdomen y, más tarde, el cuerpo.
3. La etapa esquemática: Va de los 7 a los 9 años y las formas se hacen mucho más definidas. Ya a los 7 años es esperable que logren representar la figura humana con detalles claramente identificables por un adulto, sin embargo la representación de la figura humana es muy personal y puede considerarse como un reflejo del desarrollo del individuo. En esta etapa el niño puede considerar las relaciones entre los objetos y ya no trabaja sólo con dibujos de objetos aislados unos de otros: esto se evidencia con la aparición de la línea que representa el suelo y que proporciona una base al resto de los dibujos. Más tarde aparecerá “el cielo”. Es común en esta etapa que dibujen con transparencias y, como si estuvieran sacando una radiografía, los muebles de una casa pueden verse a través de la pared.

No me detendré en explicar la cuarta y la quinta fase ya que se sale de la primera infancia, tema que estoy tratando en este apartado. A modo de resumen podría decir que los niños evolucionan a un estadio en el cual sus representaciones son más realistas y adquieran una perspectiva espacial.

Los sueños

Los estado de vigilia y sueño responden a dos estados funcionales cerebrales que cuenta con manifestaciones bio-eléctricas diversas. Y antes del nacimiento era posible distinguir en el feto un registro de vigilia y otro de sueño. Los sueños o representaciones oníricas aparecen en las fases profundas, coincidiendo con un registro de ritmos rápidos paradójicos en un contexto general en que existe una reducción del ritmo alfa. La existencia de movimientos oculares mientras se produce el sueño, nos está indicando que las representaciones oníricas tienen verdaderamente lugar, que algunos, sobre todo refiriéndose a los niños, pensaban que los niños inventaban muchos de sus sueños una vez estaban despiertos. El niño mueve los ojos durante sus representaciones oníricas porque esa es la manera que tiene de representarse algo.

La mayoría de los sueños de los niños tienen un contenido angustioso, la mayoría de los sueños que los niños narran son de contenido desagradable. La consecuencia de estas representaciones es la información que reciben de sus educadores, los cuales tienden a presentarle la naturaleza como plagada de seres animados, unos benefactores-hadas, ángeles, etc.- y otro dañino-brujo, demonios, etc.-

Según Sigmund Freud los sueños también se pueden explicar como un intento de realización de deseos. El niño cuando duerme, liberado del control de padres y educadores, fantasea la realización de sus deseos o impulsos prohibidos. Algunos deseos, como comer un pastel, son fácilmente satisfechos en su fantasía, pero otros, los ligados a las fantasías edípicas , desencadenan gran cantidad de angustia. Los temores infantiles fundamentales aparecen en sus sueños, y no siempre pueden interpretarse en relación a sus experiencias de vigilia. Es preciso aceptar que la fantasía infantil es capaz de crear temores y personajes poco relacionados con su vida cotidiana.

Los niños entre cinco y seis años piensan que los contenidos de sus sueños provienen de la realidad exterior y pertenecen a ella. Entre los seis y siete años creer que, aunque los sueños provienen de sí mismos, son exteriores a ellos. Por último, entre los nueve y los diez años, aceptan que son de origen interno e inmaterial.

La fase oral

La etapa anal va de 2 a 3 años. La zona erógena es el ano y la uretra. El objeto caracterizado son las heces y la finalidad: el control. Al llegar a los dos años el niño ya está maduro para controlar sus esfínteres, es hora de dejar los pañales.

Este acontecimiento es esperado por la familia con mucho interés, por lo que significa en ahorro de trabajo y dinero y una ganancia en higiene y bienestar.

Esta etapa tiene gran trascendencia en la vida futura de los niños, aunque la mayor parte de las personas lo desconoce. El niño ha descubierto que él produce cosas que son deseadas por los demás, pero siente que eso que él produce es suyo, le pertenece, lo quiere retener, porque además, le produce placer, por eso retiene, retiene…, hasta que llega a un punto en que se hace en la ropa, muchas veces después de haber estado varias veces sentado en el váter para que hiciera allí.

Este hecho generalmente, genera reacciones violentas de su madre o de quien esté a cargo de su cuidado, siendo descalificado con expresiones tales como: son un niño feo, sucio, malo, etc. Muchas veces acompañan estas palabras gestos de rechazo y hasta golpes. Todo esto hace que el niño asocie suciedad con descontrol, angustia, amenaza de pérdidas, por ejemplo, del amor de su madre. Cuando el niño es obligado a estar largas horas sentado para que haga, muchas veces amenazado con que si no lo hace así se le castigará, asocia el acto de “dar” con sufrimiento. Las heces tienen un valor simbólico, designan lo que es propio, lo que me pertenece, que lo doy si quiero, si me obligan a darlo, siento que me son arrancadas contra mi voluntad, lo que genera rabia, rencor y el secreto deseo de venganza, el deseo de “cagar” a quien lo hace. En el futuro este sujeto no será generoso, será egoísta con lo suyo, será avaro y cada vez que tenga que dar algo que le pertenece sufrirá mucho (por ejemplo dinero).

No podrá sentir el placer de “dar” y seguramente pueda llegar a ser una persona “jodedora” en la que no se puede confiar demasiado. Para que el niño pueda superar esta etapa y seguir de esta manera fortaleciendo su autoestima hay que cambiarle el placer que él siente en retener las heces por un placer más grande: el del aplauso, el reconocimiento, los regalos, de esta manera él sentirá el deseo de dar para recibir la recompensa y reconocimiento de los demás. Este niño está aprendiendo a ser generoso, a sentir más placer en dar que en retener. Cuando no lo logra, hay que comprender y no hacer de esto algo dramático y desestabilizador, sino actuar con paciencia, consolándolo, incluso, porque no pudo llegar a tiempo, para que no se sienta fracasado y que con este hecho ha perdido nuestra estima. Si no se supera esta etapa, el sujeto queda patinando en ella y frente a situaciones de angustia o para sentirse equilibrado, necesita mantener “controlado” el entorno: son los neuróticos obsesivos, que necesitan que todo esté en perfecto orden, siempre limpio y nunca es suficiente, limpian sobre lo limpio, desinfectan, sufren terriblemente si algo escapa a su control, incluso las personas, lo que hace muy difícil la convivencia. Estas personas generalmente generan la misma patología en sus hijos, ya que viven en casas donde no se nota que hay niños porque todo está impecable. Son personas que son esclavas de la suciedad, están siempre pendientes de la mugre y viven para limpiarla. Cuando sufren situaciones de angustia por algún suceso de su vida sienten con más desesperación el deseo de control. Una señora a quien le habían anunciado que su hija iba a ser operada de una grave enfermedad, cuando llegó a su casa, que estaba impecable, como siempre, se puso a hacer una limpieza general, como si de esta manera “ordenando” el exterior “controlando” el exterior pudiera controlar y manejar su angustia. Un paciente, cuando concurría a terapia necesitaba ordenar el escritorio de su psicóloga para comenzar la terapia, ordenar los libros de mayor a menor y no dejar ningún papel que sobresaliera. 

La fase fálica

La etapa fálica tiene lugar entre los tres y los cinco-seis años de edad. Los órganos genitales se vuelven una fuente destacada de placer durante este período. La curiosidad respecto al cuerpo puede comenzar mucho antes; el niño encuentra con asombro sus manos y sus pies, incluso puede descubrir los órganos genitales pero no se convierten en inquietudes sólo hasta la etapa fálica, cuando se hacen mucho más intensas las tensiones y placeres de esa zona del cuerpo. El niño comienza en ese momento a darse cuenta y a comentar las diferencias entre los hombres y las mujeres, su inquietud incrementa de manera significativa si se notan las diferencias anatómicas. Dicha curiosidad es bastante difusa debido a que el niño no conoce todavía a menos que ya las haya observado, las diferencias reales de los órganos genitales masculinos y femeninos.

En la etapa se presentan dos grandes situaciones psicológicas: el complejo de Edipo y el complejo de Electra.

-El complejo de Edipo: Este se acompaña con el temor de la castración, es tomado del mito griego Edipo Rey, quien si saberlo mató a su padre y se casó con su madre, el complejo se refiere a la atracción sexual que el niño tiende a sentir por su madre durante la etapa fálica. Al mismo tiempo ve a su padre como un rival en el afecto de su madre. Existen actitudes mezcladas o ambivalentes hacia el padre, quien por un lado es temido porque puede remover el órgano ofensor y por otro lado es respetado y venerado como modelo de hombría, superior al niño. Si el desarrollo es normal, el niño renuncia a los deseos amorosos respecto a madre y en cambio se esfuerza por asumir el papel masculino de su padre. Entonces el afecto del hijo hacia la madre pierde su aspecto sexual, al aceptar la masculinidad el súper-ego del niño experimenta su desarrollo final y adopta una ideal del ego positivo. Si ocurre lo contrario el niño puede rechazar el papel masculino o se atrofie su conciencia o puede que sobre valore su habilidad sexual y se vuelva arrogante y egoísta en sus relaciones con mujeres.

-El complejo de Electra: Durante este período la niña experimenta un proceso semejante al del niño pero con algunas diferencias significativas. Freud creía que la niña pequeña toma a su padre como objeto sexual y ve a su madre como una rival. Debe recordarse que los intereses y sentimientos sexuales de la niña son más rudimentarios, el rasgo patológico principal que surge en esta etapa es “la pérdida del pene”, minimizando el papel femenino y sobrevalorando el masculino. Freud creía que los conflictos de la etapa fálica provocaban muchos trastornos en las funciones sexuales femeninas, tales como la frigidez y la dismenorrea. Como sucede con el niño el manejo del adiestramiento durante este período puede provocar tendencias patológicas en la personalidad de la niña en desarrollo.

Si el desarrollo durante este período es normal, es decir hay un equilibrio apropiado entre satisfacción y control, sin que exista mucha frustración ni demasiada indulgencia. En sus relaciones con los demás, una persona no será ni demasiado altanera ni indebidamente modesta es decir alcanzará un equilibrio.

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